5 de abril de 1926: El crucero “Buenos Aires” llega a Huelva y despegan, desde Cuatro Vientos hacia Oriente, las tres aeronaves de la “Escuadrilla Elcano” .
A las ocho de la mañana del lunes 5 de abril de 1926 la estación de ferrocarril de Huelva se encontraba abarrotada, esperando la llegada el tren real procedente de Sevilla.
El día anterior llegaron a la ciudad onubense la gran mayoría de autoridades y personalidades que participarían en el homenaje: familiares de los aviadores, representantes de municipios, diputaciones, autoridades militares y diplomáticas e, incluso, un invitado especial, el almirante Gago Coutiño, aviador portugués que años atrás también había cruzado el Atlántico Sur, pero en esa ocasión en un raid aéreo con más de una aeronave y sin lograr los récords alcanzados por nuestros aviadores.
Huelva esperaba entusiasmada la llegada de los tripulantes del “Plus Ultra” en plena celebración de la Semana Santa. Viajeros de toda España habían acudido a este esplendoroso recibimiento, las calles y edificios singulares estaban iluminados, las casas ostentaban colgaduras, gallardetes y banderas hispano-argentinas, los retratos de los aviadores se exhibían por todos los rincones. Se construyeron arcos triunfales en la capital y en Palos de la Frontera, lugar desde donde partieron los aviadores y que éstos corresponderían visitando de vuelta esa localidad, junto con la comitiva real.
El “Buenos Aires” entraba por la barra a las ocho treinta horas. Alrededor de la nueve el tren real entraba en la estación e inmediatamente Su Majestad se desplazó en automóvil al puerto, acompañado por el ministro de Marina, Honorio Cornejo, y otras personalidades. Desde allí se subieron a una lancha para embarcar en el crucero “Cataluña”. Sobre las diez de la mañana, ambos buques con toda la marinería e invitados, escenificaron un saludo militar desde cubierta y a continuación los aviadores y las autoridades argentinas se trasladaron al buque insignia español.
En el puerto onubense se congregaron hasta trece unidades de la Armada española, incluidos hasta los buques más modernos de la Marina, los submarinos botados entre 1922 y 1926 y un significativo número de aeronaves: dos escuadrillas de hidroaviones procedentes de Barcelona y Mar Chica (Melilla) respectivamente, cuatro hidroaviones portugueses y un total de hasta veinticuatro aeronaves procedentes de los distintos aeródromos españoles y del Norte de África.
Las frenéticas actividades programadas para este día empezaron a desarrollarse a partir de las doce de la mañana, tras los oportunos y merecidos momentos de saludos, felicitaciones y discursos. Se visitaron por barco los lugares colombinos, se desplazaron a Palos de la Frontera, visitaron la Rábida, almorzaron en la Punta del Cebo, volvieron a recorrer las instalaciones del Puerto de Huelva y las calles de la ciudad, se ofreció un jerez en el círculo mercantil, una cena de gala en la Diputación Provincial y para finalizar un baile de honor en el hotel Colón.
A las dos de la madrugada, Su Majestad, los aviadores, diplomáticos y otras autoridades se dirigieron al puerto para embarcar, de nuevo en el “Buenos Aires”, con destino a Sevilla.



El Vuelo Madrid-Manila de la “Escuadrilla Elcano”
Ese mismo día 5 de abril de 1926, aviadores españoles componentes de la “Escuadrilla Elcano”, despegaban desde Cuatro Vientos hacia Manila. La formaban tres aeronaves Breguet XIX: “Elcano”, con el piloto Eduardo González Gallarza y el mecánico Pedro Mariano Calvo, “Magallanes” con el piloto Joaquín Loriga y el mecánico Eugenio Pérez y “Legazpi”, con el piloto Rafael Martínez Esteve y el mecánico Joaquín Arozamena.
Aunque por diferentes vicisitudes al final solo uno de ellos, el “Legazpi”, con González Gallarza y Joaquín Loriga, llega a su destino, se alcanza la gesta programada tras recorrer 17.100 Km, en dieciocho (18) etapas, dieciséis (16) jornadas de vuelo y treinta y nueve (39) días de calendario. Se registran alrededor de 106 horas y 15 minutos a una velocidad media de 161 km/h.
La prensa del momento dedicó varias páginas a este importante acontecimiento, con el siguiente titular: Ha comenzado el raid aéreo Madrid -Manila. “A las seis menos cuarto de la mañana el coronel señor Nieves ordenó la salida de los aparatos que van a efectuar el «raid» que despega desde Cuatro Vientos: Madrid-Manilla. A las seis aparecieron en el campo los aviadores señores Loriga, Esteve y Gallarza, que comenzaron a despedirse de amigos y compañeros. A dicha hora llegó también el sargento Pérez, con el cura párroco del Pardo…”
Los aviadores, en esta primera etapa, tenían el propósito de almorzar en Argel, a cuya población pensaban llegar a las dos de la tarde. Como, a pesar de los requerimientos hechos, el público no se separaba de los aviones y con el fin de no entorpecer los preparativos, el coronel Nieves ordenó que se desplazaran a un extremo del Aeródromo, cosa que efectuaron varios soldados colocándolos en línea recta junto a la Torre de Mando.
A las siete y media se pusieron en marcha los Breguet pilotados por los capitanes Loriga y Gallarza, sin embargo, el del capitán Esteve tuvo problemas lo cual retrasó media hora el despegue.
El vuelo a Manila se convirtió en una extensión del vuelo el “Plus Ultra” ya que la continuidad de las fechas y el fervor que desató el raid a Argentina hicieron que el itinerario de la “Escuadrilla Elcano” quedase como una continuación de toda la gloria que logró el primero y los tripulantes con la consideración de héroes.
Las vicisitudes del viaje y el total desconocimiento geográfico de la ruta mantuvieron la atención de la prensa, que diariamente narraba las vicisitudes y novedades durante todo el viaje. De esta forma, los tripulantes se convirtieron en celebridades sociales, en héroes que generaban entre la ciudadanía española un sentimiento de progreso técnico y orgullo nacional.





