Recordamos el 93º aniversario del que se considera el último de los grandes raids de la Aviación Militar Española.
El 10 de junio de 1933, el avión bautizado como “Cuatro Vientos” despegaba desde la Base Aérea de Tablada con destino a La Habana y posteriormente a Méjico. En un avión Breguet XIX, adaptado prácticamente en su totalidad para el vuelo, recorren 7.895 kilómetros en unas 39 horas y 55 minutos sin escalas. Posteriormente, el 20 de junio a las 08: 45 horas, despegarían de la Habana hacia Méjico desapareciendo sobre la vertical de Villahermosa (Tabasco), a las 11:35 minutos. A día de la fecha se desconoce su paradero y no se han recuperado los restos del avión.
La preparación del sexto y último de los grandes vuelos de la aviación militar española venía avalado por un exhaustivo y meticuloso estudio técnico realizado por el capitán Mariano Barberán y Tros de Ilarduya, por entonces director de la Escuela de Observadores de Cuatro Vientos, que el mismo había creado. La memoria, que avala la Dirección General de Aeronáutica, es aprobada sin modificaciones por el Gobierno. El prestigioso capitán Barberán elige como tripulante a uno de los mejores y destacados pilotos del momento, el teniente Joaquín Collar Serra y como mecánico al sargento Modesto Madariaga Almendros, que entre otras muchas competencias y capacidades había sido tripulante de uno de los tres hidroaviones que conformaron la “Patrulla Atlántida”.
Una vez analizadas las características del proyecto, Barberán elige como avión el Breguet XIX, en esas fechas construido por CASA en Getafe, bajo licencia pero modificado, dotándole de mayor capacidad de carga de combustible, versión que se reconocería como “superbidón”. El motor elegido sería un Hispano Suiza 12 Nb de 650 cv, fabricado en Barcelona.
Tablada fue elegida como punto de salida, por su situación geográfica, su escasa elevación sobre nivel de mar y por las características de su pista que, aunque bastante larga para su época, tuvo que ser ampliada unos quinientos metros para permitir la elevación de una aeronave con un peso máximo al despegue de 6.320 Kg.
A las 04:00 horas del 10 de junio de 1933, despegaba el avión, sobrevolando la aún dormida ciudad de Sevilla, virando hacia el Oeste en dirección al mar, acompañado por numerosos aviones civiles y militares que habían acudido para despedirlo. Finalmente, tras cruzar el Atlántico, evidentemente con diversas y variadas vicisitudes, aterrizan en Camagüey a las 15:39 horas locales del 11 de junio. Tras un merecido descanso volarían hasta La Habana donde les esperaban miles de personas.
Los siguientes días recibieron un sinfín de reconocimientos y homenajes, rodeados continuamente por una multitud entusiasta que le acompañaba en todos sus recorridos protocolarios.
Una vez revisado el avión y analizada de nuevo la compleja ruta que debían recorrer, a las 05:52 horas locales del 20 de junio iniciaban la última etapa del vuelo. Sin embargo, trágicamente y por razones aún desconocidas, desaparecieron sobre la vertical de Villahermosa (Tabasco) a las 11:35 minutos.






