Un avión De Havilland (DH-9) de la Compañía Aérea de Tráfico Aéreo (CETA), con matrícula M-AAAG, sería el protagonista y acortaba considerablemente el tiempo de recepción de la fluida correspondencia entre España y el Protectorado de Marruecos.
En julio de 1920, mediante Real Decreto propuesto por el Ministerio de la Gobernación, Su Majestad Alfonso XIII autorizaba la creación de las primeras líneas aéreas postales españolas. Al año siguiente se establecería un servicio aéreo de transporte de correspondencia, inicialmente desde España al Protectorado de Marruecos, concretamente desde la Base Aérea de Tablada en Sevilla a Larache, sin descartar posibles líneas de comunicación entre diversas ciudades españolas.
Ello fue posible tras la resolución del concurso público originado por el gobierno español al que se presentaron diversas empresas de aviación. La Comisión Técnica que se estableció para resolver el mismo estaba presidida por el jefe del Servicio Postal Aéreo, D. Federico Leal y por el ingeniero y piloto militar, D. Emilio Herrera Linares.
En un principio se otorga la concesión a la Compañía Española de Transportes Aéreos, filial de la compañía francesa Latécoère, que ya explotaba desde 1918 la línea Toulouse-Casablanca con escalas en Barcelona, Alicante y Málaga.
Sin embargo, esta decisión se revirtió por diferentes presiones y se concedió a Talleres Hereter S.A. aunque esta empresa, finalmente, no pudo superar su quiebra técnica y fue entonces cuando D. Jorge Loring, que fuera su representante, crea una nueva empresa: la Compañía Española de tráfico Aéreo (CETA), ya en junio de 1921.

Como establecieron las condiciones estipuladas en el mencionado concurso, se edificaron “terminales” en la Base Aérea de Tablada y Larache, con hangares, talleres y oficinas de correos, se adquirieron, inicialmente, tres aeronaves De Havilland DH-9c y se contrataron pilotos británicos (nuestros aviadores estaban completamente ocupados en el conflicto marroquí tras el trágico desenlace en Annual).
El 15 de octubre de 1921, en el sureste del campo de vuelos de Tablada y con presencia de destacadas autoridades civiles y militares, el Arzobispo de Sevilla, monseñor Illundain, bautiza a los tres aviones de la compañía con los nombres de “Sevilla”, “Algeciras” y “Larache”. A las 11:50 de esa mañana despega el “Sevilla” con matrícula M-AAAG pilotado por el británico Jack Hatchett, aterrizando en Larache sobre las 13:35. Tras una breve recepción en el Aeródromo de Bu-Ajmará, el avión vuelve a Tablada.

Además de una carta de SM el Rey al Comandante Militar de la zona de Larache se llevaron paquetes de periódicos del día editados en Madrid y Sevilla. El coste de ese servicio diario, que incluía pasaje y carga se estableció en 250 pesetas el primero y 2,50 pesetas el kilo de paquetería.
Durante todo el tiempo de explotación de esa línea, entre octubre de 1921 y julio de 1926, el índice de regularidad fue muy elevado, suspendiéndose únicamente aquellos vuelos que por razones meteorológicas desaconsejaban su realización.



