El despliegue y participación de las Fuerzas Aéreas, desplegadas permanentemente en el Protectorado Español de Marruecos desde 1922, contribuyó notablemente al éxito de esa operación militar.
Los compromisos adquiridos en la Conferencia de Algeciras celebrada en 1906, por la que España, Francia y el Sultán de Marruecos acuerdan el establecimiento de un Protectorado, a fin de intentar la pacificación del Norte de Marruecos, derivan progresivamente en el mantenimiento continuo de recursos, ingentes esfuerzos económicos y elevado número de pérdidas humanas y materiales.
Ante este continuo esfuerzo y desgaste que generaba este conflicto, en el año 1919, el General Berenguer había decidido terminar la rebeldía de los rifeños y para apoyar sus operaciones contó con escuadrillas dotadas con los nuevos aviones adquiridos a los aliados europeos: De Havilland DH 4 y Breguet XIV, que se incorporaron, los primeros a Melilla y los segundos a Tetuán, en octubre de aquel año. A ellos se unirían tres bimotores Farman F-50.

La llegada de estas aeronaves dio fin a la época heroica de los viejos Henry Farman, Maurice Farman, Nieuport IV G, Lohner y Morane Saunier, que habían cubierto los años de guerra europea en compañía de los españoles Barrón Flecha, Barrón W y AME.
Con esta renovada flota, la actividad aérea, por fin, se vio progresivamente apropiada, aceptada e incrementada, de tal manera que los aviadores alcanzaron un prestigio tan alto que los Mandos, hasta entonces tan escépticos, pasaron del desprecio a una excesiva solicitud, de creer que no servían para nada a exigir que valieran para todo.
La actividad aérea en Marruecos iría creciendo de forma constante y alcanzaría su zénit después del Desastre de Anual de 1921. Se dota a las Fuerzas Aéreas de un número significativo de aeronaves, se reorganiza la aeronáutica militar, se crea la Sección Aeronáutica del Ministerio del Guerra y se establecen permanente en el Norte de África las denominadas Fuerzas Aéreas de Marruecos, dotadas de cuatro Grupos Aéreos y un Grupo de hidroaviones desplegados en Tetuán, Larache y Melilla, que más tarde se reorganizarían en Escuadras Aéreas.

Todo este costosísimo esfuerzo parecía no haber servido para nada cuando el 13 de abril de 1925 Abd-el-Krim lanzó una ofensiva generalizada contra las posiciones francesas confirmando los temores de Francia hacia el creciente poderío del caudillo del Rif. Este desastre militar llevaría consigo la caída del prestigioso mariscal Lyautey que sería sustituido por el también mariscal Petain, el héroe de la Batalla de Verdún de la I Guerra Mundial.
El 18 de junio, ya se había celebrado en Madrid una conferencia hispano-francesa en la que se llegó al acuerdo de asestar un golpe definitivo a los rebeldes. El 25 de julio se celebraron nuevas conversaciones, si bien hubo cierta resistencia francesa a que la operación militar a llevar a cabo fuera un desembarco en la Bahía de Alhucemas, que, aunque estando previsto iniciarse el 7 de septiembre de 1925, a las 04.00 horas, por condicionantes meteorológicos se pospuso al 8 de septiembre.
Por orden de la Dirección de Aeronáutica, el 1 de septiembre de 1925 las Fuerzas Aéreas preparadas para el desembarco quedaron estructuradas según se plasma en el gráfico.

El desembarco de Alhucemas fue una acción conjunta del Ejército y la Armada españolas y, en menor medida, un contingente aliado francés, que propiciaría el fin de la guerra del Rif.
Además de la participación de la Fuerza Aérea, anteriormente citada, la operación consistió en el desembarco de un contingente de alrededor de trece mil soldados españoles transportados desde Ceuta y Melilla, compuesta por, entre otras fuerzas, tres banderas del Tercio de la Legión, nueve tabores de Regulares, varios Batallones de África, compañías de carros de combate y batería de obuses, además de unidades de intendencia, ingenieros y sanidad.
Por parte de la Armada participaron dos acorazados, cuatro cruceros, un porta-hidroaviones, dos destructores y siete cañoneros.



